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No hay mejor alternativa que la abstención en las autonómicas del domingo

miércoles 28 de septiembre de 2016, 11:35h

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Nadie hablará de ellos pese a que protagonizarán el dato más relevante de las elecciones autonómicas en Galicia y Vascongadas el próximo domingo. Se espera que la participación en esta nueva pantomima electoral apenas supere en Galicia el 50 por ciento. Por consiguiente, los abstencionistas serán los que con más motivo tendrían que atribuirse el éxito de esta “fiesta de la democracia”, como cursimente se llama a los procesos electorales. Casi la mitad de los electores gallegos y vascos fustifigará con el látigo de la indiferencia a todos los partidos intervinientes en el citado proceso. La credibilidad de los sistemas democráticos se mide sobre todo por la aceptación social o no de la ritualización máxima del voto.

La mayor crítica que puede recibir un sistema de participación electoral es que casi la mitad de los ciudadanos con derecho a votar haya decidido no ejercer ese derecho, al considerar que, salga quien salga elegido, no habrán modificaciones que mejoren sus vidas. Algo para meditar muy en serio.

No podemos ni debemos ignorar que la democracia se asienta en España sobre una monumental estafa. Cuando el dinero público se utiliza para alimentar una red clientelar de quien se cree dueño del poder; cuando de ese poder depende la manutención de una legión de analfabetos, de parásitos sociales y de vagos crónicos, revertir los resultados puede convertirse, como se ha convertido, en una tarea ciclópea. El despegue de España depende claramente de un cambio del modelo político. Ese cambio político no es un fin, sino un medio que facilite la transformación definitiva: el desarrollo de una sociedad civil patriota, identitaria, dinámica y creativa. Sabemos que los partidos del sistema han decidido que la sociedad civil española siga siendo subsidiada y parasitaria. Y no nos engañemos: ese es el modelo conscientemente elegido por esa turba de gañanes y maleantes con derecho al voto.

Del partidito Vox, que hoy juega desvergonzadamente la baza del identitarismo cuando hasta hace poco prohibía a sus militantes que criticaran la llegada de inmigrantes musulmanes, poco que decir que ustedes ya no sepan. Se presenta a las elecciones vascas a oficializar un nuevo ridículo. Hace días, el abogado zaragozano Ramiro Grau me remitió una carta publicada por una antigua miembro de ese partido en la comunidad vasca. Reproduzco parte de su contenido, lo suficientemente explícito para no necesitar de comentarios añadidos:

“VOX, que surgió como plataforma de enganche para los desencantados del PP, no llega tras la desaparición de la mayoría de sus líderes fundadores. Lo que intentaba ser una alternativa seria al PP, mezcla de forma indiscriminada mensajes identitarios burdamente copiados de otros partidos europeos a la vez que afirma y confirma ‘ser un partido de derechas’. Incompatible el planteamiento.

Cuando me fuí de VOX antes de las elecciones de 2015 me criticaban por mis posiciones identitarias críticas con el Islam y la inmigración masiva. Hoy, han adoptado ese mensaje por conveniencia electoral. Un mes después de dejar VOX los pro etarras destrozaron mi negocio en Portugalete. Todavía espero de Santi Abascal lo que él pide: condena y solidaridad. Ni una llamada o muestra de apoyo por parte de VOX ni por parte de su presidente… aunque sí de muchos militantes. Quien sí se solidarizó fue el PP, que presentó un escrito de condena en el Ayuntamiento, que apoyó también el PSOE.

Lo que era un magnífico proyecto se ha convertido, con sus apenas 46.000 votos en toda España, en una opción residual que no encuentra el hueco necesario para crecer. Como decía un buen amigo, “el problema de VOX no es VOX. El problema de VOX son sus líderes, más acupados de sí mismos que del partido. Han montado en la bicicleta y no pueden dejar de dar pedales, porque de hacerlo se caerán con todo el equipo. La pela es la pela”.

Vox se presenta con avales procedentes de la castuza política, lo que ya nos revela su escasa fiabilidad y su control por parte de las cloacas del Estado.

Por lo demás y una vez más, unas nuevas elecciones en España seguirá contando con la ausencia de una formación identitaria que aglutine el descontento ciudadano ante la parálisis gubernativa, el descrédito de los partidos con representación parlamentaria y la avalancha de ilegales que ya sufren vascos y gallegos. No cabe descargar toda la culpa en los hombros del sistema, aduciendo falta de recursos y falta de apoyo moral, sin reconocer el poco interés en fomentar la creatividad y el ingenio. Sin vocación ni imaginación, por inercia, no se consiguen buenos resultados.

Por lo demás, ni el Estado ni los medios están comprometidos a gratificar las buenas ideas ni las que calen en el ánimo de los electores. Es una realidad que la abstención no han sabido rentabilizarla los partidos identitarios, incapaces hasta ahora de desarrollar unas estructuras lo suficientemente robustas para mantener unas maquinarias electorales mínimamente eficaces. Es simplemente una obligación de quejarse menos y trabajar mejor utilizando otros líderes, otras vías y otros discursos distintos de los tradicionales.

No hay alternativa mejor ni más decente a las elecciones autonómicas del próximo domingo que la abstención.

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